La fe de una estéril

La Biblia nos relata la historia de Ana, una mujer que no podía tener hijos, y que a la vez tenía que soportar la humillación de su rival, quien había entregado a su esposo muchos hijos.

<p>Al vivir esta triste realidad, Ana se echa a llorar y hasta pierde el apetito. Ella experiment&oacute;&nbsp;humillaci&oacute;n de una sociedad, que ten&iacute;a en poca estima a una mujer est&eacute;ril.&nbsp;Rompiendo en sollozos, le ora a Jehov&aacute; por un hijo.&nbsp;</p> <p>El relato indica que luego de haber derramado su alma en el altar &ldquo;procedi&oacute; a irse por su camino y a comer, y su rostro no volvi&oacute; a mostrar preocupaci&oacute;n por su propia situaci&oacute;n&rdquo; (1 Sam. 1:18).</p> <p>El ejemplo de Ana nos muestra c&oacute;mo desea Cristo que le oremos. Jehov&aacute; bondadosamente nos invita a hablarle con franqueza, sin reservas, a desahogarnos con &Eacute;l tal como un ni&ntilde;o lo har&iacute;a con su padre que lo ama (Salmo 62:8 y 1 Tesalonicenses 5:17). Luego de unos meses despu&eacute;s, Ana descubre algo que la llena de alegr&iacute;a: &iexcl;est&aacute; embarazada! Ahora bien, no olvida que es a su Padre celestial, quien le entreg&oacute; esta hermosa bendici&oacute;n. Al nacer su hijo, lo llama Samuel, que significa &ldquo;Escuchado por Dios&uml;. Ella recibi&oacute; asimismo grandes recompensas, incluso lleg&oacute; a ser madre de cinco hijos (1 Sam. 2:21).</p> <p>Si tal vez la ciencia determina que tu jam&aacute;s podr&aacute;s ser madre, sigue el ejemplo de Ana y habla a Jehov&aacute;, a quien la Biblia llama &ldquo;Oidor de la oraci&oacute;n&rdquo; (Sal. 65:2). Si lo hacemos con fe, veremos que nuestra tristeza se transforma en &ldquo;la paz de Dios que supera a todo pensamiento&rdquo; (Filip. 4:6, 7).</p>

 La fe de una estril
03NOV, 2016 | 14:42

Al vivir esta triste realidad, Ana se echa a llorar y hasta pierde el apetito. Ella experimentó humillación de una sociedad, que tenía en poca estima a una mujer estéril. Rompiendo en sollozos, le ora a Jehová por un hijo. 

El relato indica que luego de haber derramado su alma en el altar “procedió a irse por su camino y a comer, y su rostro no volvió a mostrar preocupación por su propia situación” (1 Sam. 1:18).

El ejemplo de Ana nos muestra cómo desea Cristo que le oremos. Jehová bondadosamente nos invita a hablarle con franqueza, sin reservas, a desahogarnos con Él tal como un niño lo haría con su padre que lo ama (Salmo 62:8 y 1 Tesalonicenses 5:17). Luego de unos meses después, Ana descubre algo que la llena de alegría: ¡está embarazada! Ahora bien, no olvida que es a su Padre celestial, quien le entregó esta hermosa bendición. Al nacer su hijo, lo llama Samuel, que significa “Escuchado por Dios¨. Ella recibió asimismo grandes recompensas, incluso llegó a ser madre de cinco hijos (1 Sam. 2:21).

Si tal vez la ciencia determina que tu jamás podrás ser madre, sigue el ejemplo de Ana y habla a Jehová, a quien la Biblia llama “Oidor de la oración” (Sal. 65:2). Si lo hacemos con fe, veremos que nuestra tristeza se transforma en “la paz de Dios que supera a todo pensamiento” (Filip. 4:6, 7).